martes, 30 de agosto de 2011

ROBERTO





     Roberto, el consentido," narciso el bello", diplomático, perspicaz, culto muy poco, apenas la primaria, eso sí muy audaz.  Había logrado introducirse en la sociedad porteña de aquella época del treinta, en la que encumbrarse, era todo un éxito personal, difícil y complicado logro.
Pero... entonces, ¿por qué?.... si era pobre como un ratón, apenas había cursado la primaria, no tenía ningún otro estudio ni miras de realizarlo... ¿qué tenía este hombre?..... masculinidad, belleza y sensualidad plena!...  y sobretodo era audaz, podía meterse en la pileta del club social, así como infiltrarse en una distinguida reunión nocturna.
Trabajaba en una casa de alquiler de ropas de calidad, para hombres y mujeres, estaba encargado de llevar el pedido a domicilio y a veces se tomaba el atrevimiento de sugerir prendas a los clientes.


     Percibal Lacrosse, era un permanente cliente, especializado en adquirir trajes para eventos nocturnos, a los que concurría lloviera o cayera piedras y su lema era, "no abarrotarse de prendas, que pasan de moda rápidamente"... él era de la alta escuela...
Ese fue el trampolín, por donde comenzó a ascender, Roberto.  Siempre estaba presente cuando el joven Percibal, acudía al negocio por una nueva adquisición, algún frac o esmoquin o tal vez un conjunto deportivo para el picnic de beneficencia, según la ocasión así lo requiriera.  No contó con la astucia de Roberto.  El "cándido Percibal", como lo había apodado, era el prototipo del tonto-vivo, pues consciente de la belleza y el porte de Roberto, agregando el éxito con las mujeres, lo consideró el medio, útil, para lograr una conquista que tenía en miras, pues era tan desapercibido en el núcleo femenino, dada su baja estatura y su ansiedad de lograr una pareja estable... él sabía que por si mismo, nada conseguiría.


     Se hicieron amigos y en toda oportunidad, se presentaban juntos.  Todo lo pagaba Percibal, pues para Roberto, era "el tío patilludo", que todo lo compartía con él.
Una mañana recibió una invitación de cumpleaños, de Samanta Lezama Costa y no tardó en presentarse en la casa de alquiler de trajes.  Luego de saludar a su amigo, le pidió, mostrase lo adecuado para la ocasión del sábado por la noche.  Ni lerdo ni perezoso, Roberto, sacó lo mejor para completar el conjunto de saco y pantalón, de impecable corte, fina calidad y color negro, considerando lo adecuado para una cena, completaba el equipo, una camisa de seda blanca y el concebido moñito corbatero.  Le recomendó zapatos de charol abotinados, con puntera blanca y medias de sedas negras.  A Percibal, le encantó la oferta y como agradecimiento, lo invitó a que lo acompañase a la cena.  Aceptó complacido y cuando su amigo se fue, quedando comprometido a llevarle el traje, esa misma tarde, eligió para él, un conjunto diferente: pantalón negro, de fina trama; camisa negra de seda y saco blanco esmoquin, de solapas anchas enrasadas y corbata roja; zapatos de gamuza y una flor en el ojal.


     Samanta había ya recibido a varios invitados.  Lucía un vestido azul francia, ceñido al cuerpo de falda larga, espaldas descubiertas hasta la cintura, con una abertura hacia el costado izquierdo, que desnudaba su pierna, perfectamente torneada y enfundada en medias de seda traídas de parís, hasta el nacimiento del muslo; zapatos guillermina de raso , al tono con el vestido, y un largo collar de perlas, que se enroscaba como serpiente, en dos vueltas sobre el largo y delicado cuello, para finalmente caer por la desnudez de la espalda.
Era una hermosa mujer, de rasgos finos y delicados, de cabellos negro azabache, peinado a "lo cleopatra", como dictaba la moda; una tiara perlada iridiscente le coronaba la frente, resaltando aún más la belleza del rostro.
La espléndida muchacha, descollaba su esplendor, por sobre las demás invitadas a su fiesta, en el club social.
También estaba Silvana, de tul amarillo; Lorenza, de gasa verde; Griselda de seda rosa; Romana; Elisa ... y muchas mas, todas bellas, elegantes y refinadas damas de la alta sociedad porteña.


     Cerca ya, de las once de la noche, hace su entrada Roberto, como si fuese extraído de un figurín de galanes de la época, ingresa atravesando la entrada principal, al comedor, donde ya estaban los invitados ubicados, alrededor de la mesa.  
Todo él era una impostura.  Al verlo, Percibal,se pone de pie y se dirige a su encuentro, con ademanes de regocijo. 
La presentación fue general, saludo formal y ojos atentos, pero su mirada como flecha, se dirigió hacia Samanta, quien levantó sus ojos lánguidos y besó con un parpadeo, los suyos.
Estaba ya, todo dicho, la atracción era mutua y sería fatal o triunfal....
El tiempo tiene su última palabra y la trayectoria a seguir, también ... el cuento, será el destinado en hacérselos saber....
     Percibal, estaba perdidamente enamorado de ella, pero no calculó al sentarlo a la mesa, ya que enloquecido por lucir su nuevo hallazgo, un amigo seductor, los riesgos que corrían sus sentimientos.  Tal es así, ciego, lo colocó justo al lado de ella, para mejor atención; también quería, que se sintiera "como en casa", lo peor, es que Roberto desconocía por completo, las costumbres y elegancias de la alta sociedad, lo cual se presentó como inconveniente, a la entrada del primer plato.  No sabía ubicar los cubiertos adecuados al momento de servirse, ni la copa, entre las cuatro que estaban frente a él, para su uso.
Samanta se dio cuenta de la situación en que estaba este "infiltrado", que se había metido en un lugar y con gente que no eran ni para él, ni como él.  Olvidando por completo a sus invitados, se dedicó por completo a atenderlo y enseñarle, con toda clase y delicadeza.
Le atraía enormemente y no iba a permitir, que su rango social, se interpusiera a su elección y a sus sentimientos.  Ella lo pondría al tanto, no solamente esa noche, sino  en cualquier situación, que los encontrara juntos.


     Percibal, se sentía feliz, había logrado un amigo "leal y bueno", que lo vestía con excelente gusto, en todas las ocasiones.  Era hijo único y con el tiempo, Roberto, se convertiría en un hermano "postizo" ... ¡Pobre tonto! ...solo lograría un fuerte rival, que le arrebataría el amor de su vida, Samanta, por la que había luchado varios años para conseguir su cariño y su atención.
Él, que muy pocas condiciones tenía, como no fuera la posición económica y  el último modelo de la línea ford, en auto, amén del velero del cual, contadas con los dedos de las manos, eran las familias que podían acceder a tener uno de su propiedad.
Vivía en un predio, que abarcaba una manzana parquizada, un chalet californiano, de dos pisos con pileta de natación y cancha de tenis.
Su novato amigo, en cambio, vivía en un barrio apartado, sin más riquezas que una madre y los hermanos mellizos, pero a él, no le importaba la pobreza de su amigo, sabía que , estando presente en los eventos sociales, siempre estaría rodeado de mujeres bellas, ya que consiente era, que solo, no se le acercaban ni las moscas.


     Esa noche, Roberto, charló con Samanta, largo rato, pero nada dio a entender ni entrever, pues si lo hacía, seguro no volvería a poner ni un pie en reunión alguna.  Había presentido que Percibal, amaba a esa mujer, sin esperanza alguna, de manera que si demostraba interés por su amiga, no solo la perdería de vista, sino que también perdería un buen cliente, un lugar en la sociedad y un amigo rico; Volvería a ser el dependiente, el empleaducho, sin ninguna posibilidad de alcanzar lo que más deseaba ... dinero, posición y un honorable, como reluciente matrimonio.
Decidió retirarse un momento, so pretexto de fumar un cigarro.  Minutos después, recorría parte de la casa en busca de un teléfono. Lo encontró en la sala de fumar, sobre una coqueta mesita dorada a la hoja, donde dormía el aparato.  Se acercó y buscó la agenda de socios, con el nombre de la familia y el número que tanto buscaba, cortó atrevidamente una hoja, y escribió el número en ella, lo doblo en cuatro, guardándolo en el bolsillo interior de la chaqueta.
Volvió a la sala de reunión y observó que su lugar estaba ocupado por Percibal; nada dijo y con toda altura, logró otro lugar al lado de Silvana, bella y distinguida dama de sociedad.
La conversación fue larga y entretenida; por otro lado Samanta, demostraba realmente, cuánto le molestaba y pesaba, la presencia de Percibal, pero éste ciego de amor "no quería aflojar la silla"
La noche avanzaba, y ya casi de madrugada, los invitados comenzaron a despedirse y salir. 
Percibal, invitó a su amigo a saludar  y despedirse, pues la llevaría en su auto.
- Ponlo en marcha, que enseguida busco mi abrigo y estoy contigo!
Saludó a los comensales que aún quedaban y al acercarse a Samanta, para estrecharle la mano a modo de despedida, recibió un ligero beso en la boca, que lo dejó perplejo.
Todo me sale a pedir de boca, se dijo, mañana la llamaré a una hora prudente y adecuada.
Roberto, no era invitado por Samanta, sino por medio de una amiga de ella; así concurría a todo evento, ya fuera al club social, al golf club o los partidos de polo de la Martina.  
No se perdía cumpleaños, cenas o bailes y eso lo llevaba a pensar que siempre la encontraría.
     Pasaron varios meses y nada se organizaba, Percibal, se comenzó a desesperar, por que de otra manera ya no la vería y  perdería todo contacto con ella.
Mientras tanto, Roberto y Samanta, salían a todos lados juntos.  Era todo un romance que tiraba para largo. No olvidemos, la astucia que mostró, al cortar de la agencia de socios, el  número telefónico de ella, pasándolo luego a su agenda personal ...pero... lo colocó, en un descuido, en el bolsillo interno de la chaqueta, que devolvía a la mañana siguiente de la fiesta.
Con el pasar de los días llegó Percibal al negocio, como cliente, tenía una cena de carácter patriótico; Roberto, lo atendió con alta estima y fue invitado, viajarían juntos en su auto; el evento, se realizaría en un club de pesca, en la localidad de Carlos Paz,+
 provincia de Córdoba.
- Quiero- le dijo- el conjunto que luciste la otra noche ... ¡es fabuloso!, no le cambies nada, ¡por favor!.
- No te quedará, demasiada holgada la chaqueta? ... ¡Pruébatela primero! ... también pruébate el pantalón, se me hace que el sastre debe levantarle el ruedo; te tomaré las medidas , si me tienes paciencia.  ¡La chaqueta, te queda perfecta!.
Todo se arregló y el paquete, le fue enviado.
Ambos se preparaban, para el viaje a Córdoba; como era feriado nacional, podían partir por la mañana.  El viaje, fue largo, pero llegaron a la hora prevista. 
Roberto, había elegido un smoking negro con solapas enrasadas y zapatos acharolados.... como siempre, era blanco de las miradas femeninas.
¿Qué pasó?... Percibal, en un momento dado de la fiesta, sacó su pitillera de oro para fumar un cigarrillo, del bolsillo interno de la chaqueta, pero junto con ella, cayó el tan mentado papelito; no tardó en levantarlo, pues le llamó la atención, que justamente fuera el saco, que usó Roberto; primero pensó que lo había engañado, llevándole otro, pero al abrirlo, estaba impreso en él, el número de teléfono de Samanta, que tanto conocía.  Con razón- se dijo- no aparecían por ningún lado, ni se los veía en ningún acontecimiento del grupo... entonces, se hablaban y se veían... ¡no cabía ninguna duda!
Muy angustiado se dio cuentas, que estaba más solo que nunca; resultaron ser dos traicioneros, deshonestos, y él ... ¡Un mal amigo!...
Momentos más tarde entraba ella, con unas amigas.  Vestía una soiree de gasa blanca y plumas de cisne... ¡Resplandecía!...  Roberto, más elegante que nunca, siempre lo superaba en el arreglo, y lo hacía sentir disconforme.
Invitó a la joven a bailar, y ella lo acepto de mala gana.
- Samanta,- le dijo- he encontrado tu teléfono, anotado en la agenda de Roberto, no quisiera pensar, que andan juntos....
Calló , lo del papelito, pues ella se daría cuenta, que tenía puesta la misma chaqueta.
- A si? ... ¿Quién se lo dio?
- Tú! -le dijo a boca de jarro-
- No será al revés el asunto?
- No, por que no se lo dí yo!
- Entonces, lo sacó de la mesita de la sala, donde está la agenda de socios...
- Entonces... ¡se ven!
- Noo ... de ninguna manera!!
- Si la sacó, es por que tenía intención de llamarte.
- Si llamó, no lo sé ... nadie me dijo en casa, o ... tal vez no estaba en ese momento...
- No me mientas, Samanta; tú te ves con él, se aman... ¡Dímelo... y me apartaré de ti!
- Y de él, también?
- Tal vez.... solo seré su cliente...
- Esa es una excusa... negocios de ese tipo ... esta regado Buenos Aires...
- Tienes razón...
- Pero, escucha, Perci... tú estas obsesionado, pudo haberlo sacado de una guía telefónica
- Puede ser y terminemos, de una buena vez con esto, me estoy poniendo muy nervioso ...
- Bueno y disculpa.  Por favor acompáñame hasta la mesa y ...hasta mas no verte!
Percibal, se marchó de allí; sería poco formal, pero estaba dotado de un amor propio a toda prueba, a mas de su corazón herido.
Samanta, continuó bailando con Roberto, pero, el estaba inquieto; algo pasaba, ¿por que se fue?.  No le convenía perder ese cliente, en primer lugar; ella no tenía mucha influencia social, para introducirlo en todos los eventos, en cambio, Percibal, no solo le pagaba todo, sino que también se hacía cargo del alquiler de su ropa.  Debía pensarlo mejor!
- Mira Samanta, pensemos en algo mejor, para vernos... por ejemplo, encontrarnos en algún hotel, alejado de la ciudad y de clase media, para no ser vistos por conocido alguno... Como tu tienes auto, pasas a buscarme... ahora es tuya la elección...
- Estas loco?¿Por qué he de ocultarme si estoy libre de compromisos?
- Bueno ... no quería ofenderte, solo que Percibal, nos persigue y nos hace perseguir ... Debemos despistarlo!
- Peor para él!
- Sabes que ocurre, si no va más al negocio? ... El patrón averiguará el motivo y me pondrá de patitas en la calle...
- Ese es otro cantar ... Mira Roberto, a él no le conviene, molestarse por nada, pues nadie, le va a prestar la atención, que tu tienes con él,como lo vistes y lo acompañas ... además es violento ... mal carácter ... cuando se enoja, nadie lo tolera y ... ¡menos yo!.  Si te despiden, mala suerte!, te buscas otro empleo y listo, tienes experiencia en lo que haces, audacia, tienes muy buena presencia y además ... no te será difícil conseguirlo... Buenos Aires, tiene muchas casas que se dedican a la moda.  A ese tipo de persona, como Percibal, soverbias, por su posición social y económica, hay que hacerles ver, que nadie está dispuesto a tolerar sus atropellos! ... Además, ¿por qué nos vamos a privar de nuestros encuentros?... ¿Solo por él? no lo consiento, ni tú tampoco debes!.  No estoy obligada a su persona, ni siquiera era mi prometido! ... solo un amigo con aires de pretendiente, que se sabía un buen partido, y con eso jugaba!.  Quiero que cerremos definitivamente ésto, y actuemos en plena libertad ... ¿Estás de acuerdo?
- Si, totalmente!
Roberto, sabía que iba a cometer un grave error, ésta mujer no estaba en sus planes por el momento, ni en su vida; no la amaba, solo era un trampolín que usaba, para ascender hasta llegar a un muy conveniente matrimonio, que asegurara, para siempre su futuro.
En cambio, ella, estaba perdidamente enamorada de él, se creía correspondida y a su vez, usaba a Percibal, para acceder a las reuniones sociales,de las que no era invitada particularmente, y hacerse de un grupo de una élite, aún más alta de la que provenía                       
                                  
Roberto, en el transcurso de su vida, llegó a  convivir, con una mujer madura, sino bella, muy interesante.  Se había acercado al negocio, para alquilar un traje de madrina, con el motivo del casamiento, de su hijo mayor.  Comenzó, con una conversación sin importancia, que culminó , en largas charlas, con ella.
Samanta, notaba algo anormal en la actitud de Roberto, entre ellas, "falladas", sin justificación ni aviso, que la llevaron a seguirle los pasos, lo que terminó transformándose en una persecución.  No pudo dar con el objeto de su preocupación, tampoco a perdonar cuanta "perrada" le hacía.  Sabía que estaba cayendo bajo, pero no podía evitarlo ... hasta que el odio, pudo más que el amor...


     Una tarde, fue a visitarla, para despedirse; sacó de su maletín, un escrito que llevaba la firma de una empresa muy importante, cuyo propietario, era el marido de aquella mujer, Luisa María de Saavedra Gonzalez, lo enviaban de inmediato a Chile para hacerse cargo de su puesto; regir la dirección de un negocio.
- Vas solo Roberto? - le dijo ya, fuera de sí-
- Si; voy solo!... si quieres mas datos, ya tengo el alojamiento, donde estaré!
Así fue, como se despidieron, con un frío apretón de manos .. tan frío como la indiferencia que sentía por ella.


     Días después, Samanta, se presentó en la empresa y solicitó hablar con el señor Saavedra, como amiga de su esposa; dio su nombre y todo dato, con el mayor descaro.   Fue recibida, en el despacho del empresario, quien, abocado a su trabajo,dejó todo de lado, para atenderla. La saludó con gentileza y le pidió tomara asiento.
- Qué es lo que necesita, señora?
- Hablar con usted!
- La escucho, entonces!
- Ese hombre... Roberto... su nuevo empleado, pronto a viajar, según me informó... ¡Me abandonó, por su esposa, Luisa María!
El hombre empalideció, y con la voz temblorosa y casi quebrada, preguntó atónito:- y...¿cómo lo sabe usted?-
Sacó de su bolsita de mano, un sobre, que inmediatamente puso sobre el escritorio.
- Allí está la prueba, señor!
El tomó el sobre y no necesitó nada más, para darse cuenta, que era verdad; el encabezamiento de la misma, se lo estaba comprobando.
- Cómo la tiene, usted, en su poder?
- El día que fue a mi casa, me mostró el telegrama de nombramiento, pero vi cuando se le caía algo al suelo, con disimulo, lo recogí y lo guardé en el bolsillo de mi chaquetilla ... presentía que era una carta de amor... por eso no se la di!
- Bien, señora y gracias.  Yo arreglaré esto!


     Cuando Roberto iba ya, a embarcarse en el tren del oeste, se enfrentó con Saavedra; le entregó la carta en mano, diciéndole,- Explíqueme ésto! De manera, que planeaban encontrarse en Chile? Usted,  a partir de este momento, no pertenece mas a la empresa! - y levantando el tono de su voz, agregó- ¡ Váyase! ... antes de que me arrepienta y no lo deje duro de un tiro!
Ya de regreso a su hogar, el hombre, con su rostro congestionado por la furia, le dijo a su mujer: - Toma tus cosas, y vete! ...lejos de mi vida...lejos! ... yo me quedaré aquí,... no quiero verte nunca mas, ni que me des explicación alguna!... vete ya!
Cerro sus ojos y le dio la espalda, solo sintió cuando ella sollozando cerraba por ultima vez, la puerta.




NOTA: SI BUSCAS EL PODER  QUE DA EL DINERO, O QUE  OTORGA , NO BUSQUES EL AMOR ... ¡POR QUE NO SON GEMELOS!
El ambicioso Roberto, siguió por el resto de su vida, siendo la "rata", que siempre había sido.


                                                                            Norma Ángela Michelli




1 comentario:

samsara dijo...

Muy buen argumento, muy buena narración!